domingo, 27 de julio de 2014

EL ÁNGEL NEGRO, EN RINCÓN DE LA VICTORIA









El pasado viernes día 25, se realizó la presentación de la novela El ángel negro en Rincón de la Victoria, la bonita población de la Costa del Sol malagueña. 

El acto fue en la Casa Fuerte Bezmiliana, construcción defensiva del año 1766, restaurada y utilizada en la actualidad como centro de actividades culturales del municipio.

La presentación del libro, que contó con un numeroso público, la hizo el prestigioso pintor Pablo Rodríguez Guy que, precísamente, expone sus obras en el citado recinto.

En su intervención José Manuel Portero realizó una breve reseña de su novela y de los orígenes de la novela negra en nuestro país. 

https://www.facebook.com/Elangelnegro2013 

jueves, 10 de julio de 2014

EL ÁNGEL NEGRO EN LA LIBRERÍA LORCA DE BENALMÁDENA

Hace un par de meses, la librería Lorca cambió su anterior ubicación para trasladarse a su emplazamiento actual, al comienzo de la calle peatonal Vicente Aleixandre, en el centro de Arroyo de la Miel. Lo curioso es que en esa calle, a unos metros de distancia, es donde yo sitúo el comienzo de mi novela, cuando se produce la muerte del indigente en el cajero de una inventada entidad bancaria y con Ricardo Ramos como testigo del crimen. Coincidencias de la vida, ¿no?





viernes, 27 de junio de 2014

JUAN MADRID ( II )
EL DETECTIVE TONI ROMANO


 “España es el primer país consumidor de cocaína de Europa con un tráfico bestial, en el que la droga la llevan unos, la distribuyen otros y la meten en los bancos otros diferentes” (Juan Madrid. La Vanguardia, 11-2-2013).

     Antonio Carpintero, más conocido por su alias de Toni Romano es el protagonista de una interesante saga literaria cuyo autor es Juan Madrid.

     Antonio Carpintero es hijo de un limpiabotas, con una infancia difícil por los malos tratos de que era objeto por parte de su padre:  


Mi padre tenía sitio de limpiabotas fijo al fondo a la izquierda (en la “Cervecería de Hamburgo”), donde antes estaban los retretes. Mi padre vestía camisa y pantalón negro y siempre lo recuerdo borracho con un vaso de vino en las manos.
Cuando me veía, lo más que decía era: “Siéntate ahí y no molestes”.
Yo me sentaba en una silla y miraba de reojo a mi padre preguntándome qué habría hecho yo para que mi padre me odiara tanto.(“Cuentas pendientes”, Juan Madrid. Santillana, 1995).

Cuando pudo, trabajó como chico de los recados para ganarse unas pesetas y un bocadillo. Esto le sirvió para ir conociendo como la palma de su mano el madrileño barrio de Malasaña, donde transcurren la mayor parte de sus historias y que tanto le ayudará a conocer a la variopinta gente que lo conforman. Sabía que estaba destinado a ser carne de cañón y es por lo que lucha por salir de ese mundo difícil. Se hace boxeador profesional y toma el nombre con el que será conocido, Toni Romano, en honor a Rocky Marciano, al que admira. Poco más tarde, alguien le ofrece entrar en la policía. Estamos aún en los tiempos del franquismo, cuando se obtenía la confesión de los detenidos a base de “calentarlos adecuadamente”. Resulta lógico que a los agentes de policía de la época se les denominara familiarmente “maderos”.

     Toni Carpintero consigue pasar en el Cuerpo de Policía casi veinte años. Su honradez y la dificultad para callarse, le hace tener problemas con sus superiores y otros compañeros que sí tragan. Sale desengañado, cansado de perseguir y meter en chirona a ladrones de poca monta y dejar libres, impunes, a los ladrones de despacho, de guante blanco, políticos y corruptos.

     Después de su experiencia policial, pasará a trabajar en la agencia Draper, especializada en el cobro de impagados. Es allí donde le conocemos en su primera aventura literaria, Un beso de amigo (1980), en la que realizará el encargo de encontrar al socio de un comerciante desaparecido. Nos encontramos ya en la transición democrática y Romano sabe moverse entre la batería de personajes marginales de Madrid y, en especial, de Malasaña. Pero también, de vez en cuando, consigue meter la cabeza entre los ricos, y lo que ve y huele no le gusta.

    Dejará la agencia de detectives para trabajar por su cuenta como detective privado. Es verdad que aprovechará sus contactos anteriores para moverse en el proceloso mundo del hampa, de personajes marginales, de policías y jueces corruptos... Pero lo suyo es una caída, una bajada a los infiernos de los que salió cuando era un joven ilusionado con entrar en la policía:

Esta sociedad es muy desagradecida con nosotros, los maderos. Lo hemos entregado todo, nos hemos sacrificado y cuando no nos necesitan, nos despachan.
Gran verdad ―corroboró Inchausti y lanzó un sonoro suspiro―. Nos jugamos la vida para nada. Ahora hay una dictadura de los jueces, esos cabrones. Los chorizos y los violadores entran por una puerta y salen por otra. Y no digamos los terroristas, pero para qué hablar de política y de los políticos, esas sanguijuelas. Me pongo enfermo con solo pensar en ellos. (“Cuentas pendientes”).

     En Las apariencias no engañan (1982), Romano ya ha dejado de trabajar en la agencia Draper y lo hace ahora de portero de discoteca: necesita dinero para subsistir. Sin embargo, es testigo de un crimen y se dedicará a resolverlo. Le siguen Regalo de la casa (1986), Mujeres $ mujeres (1996) y Cuentas pendientes (1995), en la que un Toni Romano cada vez más caído, más escéptico, pero siempre íntegro, deberá deberá enfrentarse a sus antiguos compañeros de la policía que pretenden endosarle un crimen que no ha cometido.

     Otras novelas de la saga, son: Grupo de noche (2003), Adiós, princesa (2008), Bares nocturnos (2009).

     En cualquier caso, Toni Romano ve desilusionado que los años pasan sin que apenas se reflejen en la sociedad las mejoras antaño tan apetecidas. En Grupo de noche, un personaje reflexiona en voz alta:

   Ellos nos lo dan todo hecho, todo mascado y bien mascado, nos dicen lo que tenemos que hacer, pensar... nos indican lo que nos debe gustar, lo que debemos consumir, ya sea ropa, coches, libros...


    Desde Bares nocturnos, Juan Madrid no ha vuelto a escribir sobre el detective Toni Romano. Con la aparición en 2013 de Los hombres mojados no temen la lluvia, nos presenta un nuevo personaje, Liberto Ruano, un joven abogado un tanto peculiar. Pero hablaremos de él más adelante, en otra entrada de este blog.

sábado, 21 de junio de 2014

JUAN MADRID ( I ). BRIGADA CENTRAL.




“El menudeo, el pago de la droga en la calle es al contado, lo que al cabo del día son muchos sacos de billetes que hay que meter en los bancos. Así que sin los bancos no habría tráfico de estupefacientes” (Juan Madrid, La Vanguardia, 11-2-2013).

     Juan Madrid, está considerado como uno de los escritores de novela negra más reconocidos a nivel mundial. Seguramente, parte de este éxito lo tiene la serie Brigada Central, de la que él fue autor y guionista único. La serie, dirigida por Pedro Masó y protagonizada por Imanol Arias, se emitió entre los años 1989 y 1990 en TVE y consiguió un éxito inmediato no solo en España, sino a nivel internacional. Muchas cadenas europeas y americanas compraron los derechos de emisión y los catorce capítulos se volvieron a emitir en diversas ocasiones.

     Juan Madrid nació en Málaga en 1947 y de niño se trasladó primero a Marruecos y después a Madrid. Estudió Historia en la Universidad de Salamanca. Ejerció como periodista en las revistas TriunfoCambio 16 e Índice, así como colaborador habitual en los diarios El Mundo y El País, amén de otros medios españoles y sudamericanos. Algunas de sus obras han sido traducidas a más de veinte idiomas.

     Juan Madrid a través de Pedro Masó, narra con crudeza la labor de unos policías de la Brigada Central, un cuerpo de élite de la policía española dedicada a la lucha contra el narcotráfico, la delincuencia internacional y el crimen organizado. Seguramente, parte del éxito, reside en que la narración no se limita únicamente a la descripción de una acción que en algunos momentos se hace trepidante, sino que, además, el autor y guionista entremezcla con sumo acierto historias personales de los protagonistas que la hacen cercana, creíble, con todos los fallos, zancadillas, peleas, conflictos de pareja, amores frustrados, envidias, etc, existentes en cualquier colectivo humano, por muy cuerpo de élite que se considere. Y todo ello, en una España recién salida de la dictadura, con los reparos y suspicacias que seguían produciendo en la ciudadanía los cuerpos de seguridad del Estado.

     Pese a que la emisión de la serie significó un signo de la libertad que se fue alcanzado a lo largo de las legislaturas socialistas, Juan Madrid cuenta que hubo un momento en que se detuvo el rodaje por prohibición expresa de la Dirección General de la Policía. Sin embargo, el director, Pedro Masó, consiguió llegar a un acuerdo con la Dirección General y permitir que en el rodaje hubiera un inspector de policía con potestad para corregir o vetar cualquier toma o diálogo que considerara inoportuno. Es decir, la censura, que no cejaba en su empeño, pese a los aires nuevos de renovación en la incipiente democracia española. Visto en la distancia, se pueden adivinar los recelos de algunos policías que salen retratados en la serie no como hermanitas de la caridad, sino utilizando unos métodos que son los que los ciudadanos de la época habían experimentado en sus propias carnes.

     El personaje principal de Brigada Central es Manuel Flores, un inspector jefe de policía de etnia gitana (¡que ya era impactante en la España de la época!), encarnado en un joven Imanol Arias y que dirige a un selecto grupo de policías dispuestos a colocarse siempre en primera línea de fuego. Sin embargo, a Flores le es difícil mantenerse alejado de sus raíces: de su padre, un trilero catalán, y de otros “primos” y familiares, que no dudan, por ejemplo, en entrar de forma fraudulenta en el domicilio del propio policía. Y, por supuesto, Flores tendrá también que mantener a raya a sus propios compañeros:

―¿Por qué no le dices todo eso a la cara?
―No le tengo miedo al gitano.
La puerta se abrió y entró Flores. Iba cabizbajo, pero se detuvo al llegar a la altura de Marchena y Lucas. Se dio cuenta de lo que estaba pasando.
―Aquí lo tienes.
Flores miró fijamente a Marchena y este le devolvió la mirada sin parpadear. Marchena era más antiguo que él en el escalafón; su cuello grueso se hinchó más. Era más bajo que Flores y con unos hombros anchos y fornidos. Marchena sonrió, los dientes eran pequeños y muy separados. No fue una sonrisa amistosa.
―Llegas en el momento oportuno.
―¿Si? Deja que lo adivine, Marchena. Estás protestando por el sunto Prada, ¿no es verdad? Te parece de poca monta, ¿no es así? A ti te gustan los grandes casos, los que añaden felicitaciones públicas a tu expediente y premios en metálico. Pero deja que te diga una cosa: aquí no quiero a nadie a disgusto, así que pide el traslado inmediatamente. No te quiero aquí. ¿Lo has entendido?
―Baja al sótano conmigo ―silabeó Marchena―. Anda, baja allí y lo discutiremos de hombre a hombre.

     La serie contaba con un elenco de primeros actores: Poveda (José Manuel Cervino), el jefe de Flores; el inspector Marchena (Patxi Andion), envidioso de los éxitos de su compañero; Carmela (Isabel Serrano), la atractiva y sexy policía del grupo; Lucas (José Coronado), el policía tranquilo e intelectual. Además, hubo otros actores secundarios de altura: Pilar y Javier Bardem, Luis Escobar, Manuel Alexandre, María Isbert, Fernando Guillén... 

    Sin embargo, a mi juicio, y pese a la calidad indiscutible de los actores, creo que la interpretación resultó bastante forzada. A todo lo largo de la serie, los exabruptos, gritos, salidas de tono, crispación..., se van sucediendo prácticamente en cada escena dando la impresión de que esa policía de élite se comportaba, en realidad, como chicos en el patio de un colegio, o como vulgares matoncillos de barrio. El texto narrativo, el guión, tiene suficiente calidad, transmite la precisa tensión emocional, como para que el realizador, Masó, no hubiera recurrido a semejantes subterfugios interpretativos.

    Los bien elaborados guiones se veían reforzados por la excelente música de Antón García Abril (aquel compositor de temas inolvidables, míticos, como El hombre y la tierra).

    Juan Madrid supo aprovechar su anterior actividad profesional como reportero de la crónica de sucesos y su conocimiento de los entresijos de las comisarías de policías para elaborar una crónica social de una España que empezaba a deshacerse del largo abrazo de la dictadura:

    “Siempre quise escribir sobre la policía. Esa gente que sabiéndolo o no, se gana la vida y tiene su razón de ser defendiendo un sistema de valores, creencias y relaciones de producción que no todos compartimos. Sobre sus contradicciones, sus vidas privadas, sus relaciones con el delito, los delincuentes y el resto del aparato encargado de defender el orden tenía yo ganas de escribir largo y tendido” (B.C. Flores, el gitano. Juan Madrid).

    Las catorce historias, guiones, de Brigada Central se editaron posteriormente en tres gruesos volúmenes: Flores, el gitanoAsuntos de rutina y El hombre del reloj (Ediciones B, 2010-11. Barcelona).

    Aparte de Brigada Central, Madrid ha escrito otras obras que han sido llevadas al cine: Al acecho (Nada que hacer), 1983; Días contados (1993), dirigida por Imanol Uribe, que obtuvo un gran éxito de público y crítica; Ciudades oscuras (Crónicas del Madrid oscuro), 2002; Tánger, 2003, sobre la novela homónima (en esta obra se estrenó como director el propio autor); La memoria recobrada: Málaga, 1937, la carretera de la muerte, 2006, documental sobre el episodio de la guerra civil de febrero de 1937 cuando las fuerzas franquistas masacraron a miles de civiles que huían hacia Almería del terror de Queipo de Llano que había tomado la ciudad de Málaga.

 Asimismo, Juan Madrid es autor de otras novelas, relatos y ensayos. Pero entre todas ellas merecen destacarse las obras protagonizadas por Toni Romano, el singular exboxeador y detective privado. Lo trataremos en la siguiente entrada de este blog.

viernes, 30 de mayo de 2014



FRANCISCO GONZÁLEZ LEDESMA ( II )
INSPECTOR MÉNDEZ




     “Méndez recordaba muy bien los cuplés de Bella Dorita, que llevaba en su boca la historia del Paralelo, su boca grande, de voz pastosa que arrastraba en su profundidad toda la alegría y toda la muerte de la noche...” (La dama de Cachemira).


     Francisco González Ledesma es uno de los pioneros de la novela negra en España, posíblemente más conocido fuera de nuestras fronteras, en especial en Francia, que en nuestro país. 

    Méndez, hijo de los barrios bajos de la Ciudad Condal pero conocedor de los entresijos, encajes y candilejas de los altos, es un policía viejo siempre lo ha sido, el personaje no ha envejecido con el paso de los años, de las aventuras, sino que nació así, viejo y en esa edad indefinida continúa hasta que su creador estime oportuno darle el finiquito, más descreído que escéptico, casposo, un lobo solitario que no duda en dejar escapar a maleantes de poca monta y dar un par de hostias a un ejecutivo. Conoce las calles de su barrio, el Poble Sec, como nadie y a sus gentes, obreros, tenderos, quinquis y putas, como si los hubiera parido. Y a la inversa, él es uno más de la familia, otro fantasma más de la pintoresca fauna que deambula por sus calles.

―Te mataré, Méndez ―le susurró en el fondo de un bar un benemérito ciudadano llamado el Chinga―. Dejaste escapar a mi mujer. Ella me busca para acabar conmigo, pero antes te juro que te rajo.
―Me debes diez mil pelas, Méndez ―le informó poco después su patrona.
―Tiene que recuperar mi pistola, Méndez ―le exigió en una esquina uno de sus más acreditados confidentes―. Me la robaron ayer.
―¿Si? ¿Dónde la llevabas?
―En el sitio de costumbre. Entre el pantalón y los calzoncillos. Menuda mano tuvo el que lo hizo.
―¿Y sabes quién lo hizo?
―El Manco.
―¿Seguro que no te diste cuenta?
―Hombre, cuenta de algo sí. Pero solo algo.
―¿Y qué?
―Creí que iba de buena fe”

     Méndez trabaja en solitario, no solo por los endémicos problemas de escasez de personal del que adolecen todas las comisarías, sino porque no hay dios que le aguante.

    Vive en un piso, un cuarto de alquiler de lo más cutre y cochambroso al que se accede a través de un bar no muy lejos de El Molino, la célebre sala de fiestas del Paralelo.

“El Molino, con sus aspas eternamente inmóviles y su escenario que seguramente es el más pequeño del mundo, pertenecía también al universo de Méndez, que muchos años antes había prestado eficacísimos servicios de vigilancia en él controlando a los que querían estimular manualmente al vecino y a los que no pagaban el champán de la casa, es decir, la gaseosa...”

    Méndez aparece por primera vez en Expediente Barcelona, aunque como personaje secundario. Será en la siguiente novela, Crónica sentimental en rojo (1984), que obtuvo el Premio Planeta, donde como protagonista se encargará de esclarecer la muerte de una joven ahogada en una playa barcelonesa.

    En La dama de Cachemira (1986) ya aparece el “auténtico” inspector Méndez que conocemos, caduco, escéptico, viejo verde impotente, y su viejo Colt de 1912 que no usa más que para atemorizar a los maleantes del barrio. La obra obtuvo en Francia el prestigioso Premio Mystère de novela negra. El acreditado crítico literario del país vecino Claude Mesplède dijo “que entre las investigaciones de Méndez, el episodio más popular sigue siendo La dama de Cachemira. Es una narración con carácter universal”. En ella, Méndez deberá esclarecer quien es el asesino de un inválido en una silla de ruedas, en una historia de amor y de mujeres que sueñan con viajes a lejanos países pero que son eso, solo sueños, porque no consiguen escapar de la cruda realidad que las rodea.

    La lista de premios literarios obtenidos por González Ledesma y las aventuras y desventuras de su inspector, es larga. El pecado o algo parecido (2002) fue galardonada con el premio Dasiell Hammett; Cinco mujeres y media (2005) recibió nuevamente el Premio Mystère; Una novela de barrio (2007), obtuvo el premio Internacional de Novela Negra; la ya reseñada, Crónica sentimental en rojo (1984), que obtuvo el Premio Planeta de novela. En el año 2006 se le concede el Premio Pepe Carvalho por su trayectoria literaria en el género negro. 

     Como abogado, hecho a sí mismo gracias a sus novelas del Oeste americano (ver entrada anterior de este blog), recibió el premio Roda Ventura. Como periodista (fue redactor jefe de La Vanguardia), recibió los premios El ciervo y la Cruz de Sant Jordi, por la calidad de su obra literaria.

    La última, por ahora, de la saga es la recién editada Peores maneras de morir (2013) donde Méndez, más postergado que nunca por sus superiores, se ve envuelto en un caso de trata de blancas que lleva entre manos una peligrosa banda mafiosa que trae de la Europa del este a chicas para su explotación sexual en España. De nuevo encontramos al Méndez en estado puro, un policía con pasado pero sin futuro, como él mismo se confiesa:

“Soy un policía que no cumple los reglamentos ni cree en las leyes. Si alguien ha violado a una mujer y la ha martirizado, o si alguien ha matado a un niño, yo no tengo piedad e incumplo la ley si es necesario. En los tribunales pasan tantas cosas que yo he llegado a creer en la norma de la calle, o sea, la justicia directa. No es el buen camino, desde luego, como tampoco es buen camino sentir piedad de un delincuente que empieza, mientras los grandes estafadores salen de la cárcel y encima conservan el dinero estafado...” 

        ¿No nos "suena" algo a pistolero del viejo Oeste? Lo dicho: inspector Méndez en estado puro.

viernes, 16 de mayo de 2014




FRANCISCO GONZÁLEZ LEDESMA (I)
SILVER KANE

“Aquella mañana ocurrieron en Jackson, Kansas, cuatro cosas juntas que no habían ocurrido nunca: se pararon a la vez cien relojes de cuerda, llegó un jefe indio que quería comprar la paz para su pueblo, un pistolero llenó un saloon no de clientes, sino de muertos, y un hombre perfectamente vestido quiso comprar un cementerio...”
“La dama y el recuerdo”. Silver Kane. (Planeta, 2010)



     Qué tendrá que ver aquí una novela del oeste con otra policíaca, de género negro, podrá preguntarse, y con razón, cualquiera de los amigos que siga este blog de novela negra y haya visto la ilustración que la acompaña. La respuesta hay que buscarla en Silver Kane, que es el seudónimo con el que firmó Francisco González Ledesma sus más de cuatrocientas novelas del oeste.

     En una época, la posguerra civil española, en que las bibliotecas y la cultura entraron en una total oscuridad fagocitadas por un régimen voraz, aquellas obritas en tamaño octava (¼ de folio), de no más de cien páginas, realizadas en papel de mala calidad, vendidas en quioscos y estancos al precio de un duro (5 pesetas) e intercambiadas multitud de veces al precio de 1 peseta (con lo cual, es imposible saber al final por cuántos lectores había pasado la edición) nos sirvieron a muchos de único faro al que cogernos para no naufragar en las tinieblas.

     González Ledesma nació en Barcelona en 1927, en el barrio de Poble Sec, barrio obrero, como el Raval, que han dado gente tan ilustre como Vázquez Montalbán, Joan Manuel Serrat o el propio González Ledesma. De familia humilde, recién terminada la guerra civil, chico espabilado, con quince años consigue trabajar para la editorial Bruguera haciendo guiones de cómics. De ahí pasará a la escritura de novelas del oeste escribiendo una por semana. En un primer momento, ese dinero sirve a su familia para sobrevivir y, posteriormente, ayudado por una tía, se va pagando los estudios de Derecho.

     Con 21 años, en 1948, gana el prestigioso certamen de novela Internacional, presidido por William Somerset Maugam, con la novela “Sombras Viejas”, prohibida por la censura.

Sombras Viejas no se pudo publicar en España: el censor la calificó de “roja y pornográfica”. Para conocer la causa de la prohibición, el escritor consigue entrevistarse con el censor, y este le explica que en toda la novela se aprecia que el protagonista es de izquierdas. ¿Y pornográfica...? ―pregunta intrigado el autor―. Pues, en la página tal, el protagonista, Enrique Moriel, le pone la mano en la rodilla a la chica. ¿Y eso es pornográfico?, pregunta sorprendido el joven autor. Bueno, de momento, no ―le responde el censor―, ¡pero se adivinan las intenciones de subir hacia arriba!

     Igual suerte corrieron “Los napoleones”, “Las calles de nuestro padres” y “Expediente Barcelona”, donde aparece por primera vez el inspector Méndez, (de su posterior saga policíaca). Visto lo cual, el pobre chico se vio obligado a continuar escribiendo novelas de vaqueros, indios y pistoleros, firmadas por Silver Kane.

     Porque, en aquella España negra, negrísima, tétrica, ¿cómo iba a haber novela negra si la censura lo impedía hasta límites estúpidos y absurdos?

     La novela negra lleva consigo una crítica social: por crisis económica, hambre, miseria, corrupción política, policial o judicial, homofobia, o nazismo, o crímenes y violencia... Y en nuestro país ni se pasaba hambre, ni había crímenes; ni accidentes de trenes, y si los había, no moría nadie, y si morían es porque se ponían en las vías al paso de la locomotora, vamos que se suicidaban; no se producían atracos, y si se escuchaban tiros, eran petardos en honor de la virgen en alguna barriada; ni la homosexualidad estaba perseguida, ni el nazismo prohibido, y los policías, ministros, gobernadores, con el Generalísimo a la cabeza, eran un dechado de libertad, justicia y honradez... ¿Cómo, pues, íbamos a tener novela negra?

     A la finalización de la guerra civil, se pasó de una censura militar, hasta cierto punto comprensible, a otra cívica, ideológica y religiosa, so pretexto de salvaguardar la fe católica e impartir supuestas buenas normas de convivencia. No fue más que un vehículo más de control para el régimen, una mordaza a las voces disidentes y altavoz al servicio del Movimiento, la Falange y el clero. Cualquier noticia, cómics, cuentos, publicación, ilustración, representación teatral... quedaba en manos de la censura, cuando no de la autocensura, pues podía significar para el autor la pérdida de sus contratos, en la mayoría de las ocasiones leoninos en beneficio de la editorial, y para los propios editores, la pérdida del cupo de papel de prensa para las publicaciones.

     Transcurrido el tiempo, ya en época democrática, pudieron publicarse en España sus anteriores novelas, entonces prohibidas.

      En el año 2010, González Ledesma le hace un guiño a su propia historia, y se homenajea como escritor de novelas de vaqueros: publica La dama y el recuerdo, firmada, cómo no, por Silver Kane. Pero, en esta ocasión se trata de una impresión de más de trescientas páginas, formato grande, papel de calidad, cosida, tapa dura y sobrecubierta..., muy lejos de las condiciones en que vieron la luz sus anteriores obras del salvaje Oeste americano.

     No fue González Ledesma el único de los autores españoles que se vio obligado a escribir sobre temáticas que no hicieran daño a un régimen extraordinariamente duro y prolongado en el tiempo. Otros nombres conocidos fueron Marcial Lafuente Estefanía; José Mallorquí, autor de la serie de El Coyote; Juan Gallardo, que firmó con distintos seudónimos como Donald Curtis, Curtis Galland...; Luis García Lecha, que firmaba como Clark Carrados, Elvers Evans, Lewis Milk...; Corin Tellado, seudónimo de María Socorro Téllez, que escribió novela romántica. Todos ellos autores extraordinariamente prolíficos (Corín Tellado llegó a escribir más de 4000 obras, y otros como Gallardo o García Lecha, sobrepasaron las 2000 cada uno), explotados laboral e intelectualmente, pero que significaron las escasas ventanas de luz en un mundo culturalmente lleno de tinieblas.

     Sirvan estas lineas de modesto homenaje del autor de este blog a todos ellos.



jueves, 8 de mayo de 2014

EL ÁNGEL NEGRO. FERIA DEL LIBRO

   El pasado domingo día 4 fui invitado por la editorial Círculo Rojo para participar en la Feria del Libro de El Ejido (Almería). Fue agradable firmar ejemplares, intercambiar opinión con otros compañeros y, sobre todo, departir con los lectores. También hubo tiempo para visitar el precioso puerto de Almerimar y pasar unas estupendas jornadas en el velero de un amigo. (¡Que no todo ha de ser lectura y escritura!)