jueves, 9 de octubre de 2014

EL COMISARIO JARITOS Y PETROS MÁRKARIS

No paguéis vuestras deudas con los bancos...No debéis nada a los bancos que os han expoliado y sumido en deudas,que os llevan a los tribunales para embargar vuestros bienes..No paguéis. Hace dos años el gobierno repartió 28.000 millones entre los bancos, un dinero que ellos no necesitaban para nada... 
                                              ("Con el agua al cuello", de Petros Márkaris).


 La cita anterior pertenece a la obra referenciada del escritor griego Petros Márkaris, aunque bien podría aplicarse al sentir de muchos ciudadanos de otras nacionalidades, incluida la nuestra. 
    Petros Márkaris nació en Turquía en 1937, de madre griega y padre armenio, estudió en Alemania, Austria, Turquia y Grecia y tiene nacionalidad de este último país. En definitiva, él mismo es una síntesis de la geopolítica de aquel territorio que conforman el Peloponeso y Asia Menor, como llamábamos antes a aquellas tierras al sur del mar Negro. 
   Ha escrito guiones para la televisión y el cine; ha traducido diversas obras del alemán al griego y es autor de varios obras de relatos y ensayos. Sin embargo, por lo que Márkaris es realmente conocido y viene a este blog, es como autor de una saga de novela negra que tiene como protagonista a Kostas Jaritos, comisario de policía de Atenas.
     El comisario Jaritos y la novela negra le sirven al autor para hacer una crítica social de Grecia, en especial de los convulsos y difíciles últimos años de crisis económica y de valores. Márkaris lo explica de la siguiente forma:

“Como fui durante largo tiempo un activista de izquierda no tenía ninguna simpatía por la policía. En Grecia habían sido sinónimo de fascistas... Pero de pronto, caí en la cuenta que esos pobres policías son pequeños burgueses que tienen los mismos sueños de que sus hijos puedan estudiar para convertirse en doctores o abogados...
Así comienzo a desarrollar esta construcción: un crimen y una historia familiar contadas paralelamente”.
     
   Kostas Jaritos, está casado con Adriani, una temperamental ama de casa con la que discute a cada página que tiene ocasión, aunque no tiene más remedio que reconocer sus excelentes dotes como cocinera. El influjo de Vázquez Montalbán en muchos de los escritores actuales de novela negra, se percibe también con claridad en Márkaris, que se deja seducir por las artes culinarias, como nuestro Pepe Carvalho. En las novelas de Jaritos que he leído son frecuentes las recetas de cocina que le prepara la buena de Adriani: desde cómo elaborar unos tomates rellenos, al cordero a la turca, o unos deliciosos mejillones fritos. Aunque, después de muchos años de matrimonio, las discusiones con su mujer son habituales, en el fondo resultan simpáticas, quizás porque retratan a todos los matrimonios habidos y por haber. Dan calor humano a la novela.
   
 Karina, la hija de Jaritos, es motivo de los desvelos de su progenitor y aparece con frecuencia en el desarrollo de las diversas tramas: en Con el agua al cuello, Karina se casa por la iglesia con su novio de toda la vida, el médico Fanis; en Muerte en Estambul, la boda es por lo civil; en El accionista mayoritario, Karina logra el doctorado en derecho (hace la defensa de la tesis en presencia de sus arrobados padres), y más adelante es objeto de secuestro por un grupo terrorista...
  
   Siguiendo el desarrollo que hace Petros Márkaris en las diversas tramas de sus novelas, hay dos acciones que se combinan: generalmente comienza con un hecho de su entorno familiar (las bodas de la hija, la obtención del doctorado, un viaje con su mujer...) y más adelante, en los capítulos siguientes aparece una actuación profesional suya como policía que ha de resolver uno o varios crímenes. Cada novela la enmarca dentro de un contexto social, una situación problemática de la cruda realidad griega que, por otra parte, en nuestro país no nos es ajena: la banca, la publicidad, la corrupción política, la inmigración... Así habla Tsolakis, exatleta y uno de los personajes de una de sus novelas, Con el agua al cuello:
   "Si nosotros pagamos en las pistas, las víctimas de los bancos pagaron con la ruina. Han perdido sus casas, no pueden devolver sus préstamos. Y los que provocaron el dopaje, los bancos, no solo no han pagado sino que se les premia. Han cobrado miles de millones de los estados para poder seguir funcionando. ¿Es justo que yo pague por haberme dopado y que aquellos que promovieron este otro tipo de dopaje sean recompensados con tu dinero y con el mío?"
  Márkaris escribe en primera persona, es el comisario Jaritos el que narra la historia. Jaritos tiene dos ayudantes Vlasópulos y Dermizakis, un jefe Güikas que es el Director de la Seguridad del Ática y con el que habitualmente mantiene una difícil relación profesional. La lectura preferida del comisario es la de un diccionario, al que recurre con frecuencia para ver el significado de palabras que tienen que ver con el caso que lleva entre manos.


    Márkaris ha obtenido, entre otros, los siguientes premios literarios: el Pepe Carvalho (por su novela Con el agua al cuello), la Medalla Goethe, el Negra y Criminal, el Point du Polar European, en el 2013...

lunes, 15 de septiembre de 2014

SHERLOCK HOLMES VERSUS CONAN DOYLE


    Para un amante de la novela policíaca, como lo es un servidor, encontrarse en Edimburgo y no hablar del creador de Sherlock Holmes, el más famoso, mítico y universal de todos los detectives, sería una falta imperdonable.
     Porque Arthur Conan Doyle nació en la calle Picardy Place, en Edimburgo en el año 1859. Hijo de una modesta familia, él y sus ocho hermanos pasaron graves estrecheces debido, principalmente, a la dependencia crónica al alcohol de su progenitor, que tiempo después murió en un manicomio. Sin embargo, no parece que este hecho influyera demasiado en su vida. 
    Con quien sí tuvo una relación muy especial fue con su madre, María Doyle, por la que sentía auténtica devoción, visitaba con asiduidad y escribía comentándole sus aventuras y desventuras.
     En la Universidad de Edimburgo, estudia medicina. Allí conoce a otros compañeros que a la larga serían como él hombres ilustres (James Barrie y Robert Louis Stevenson, entre otros), pero quien realmente deja una gran influencia en el joven Arthur es uno de sus profesores, el médico y precursor de la medicina forense Joseph Bell, un auténtico maestro en la observación, la lógica, la deducción y el diagnóstico, cualidades que aplica de forma magistral al que poco tiempo después sería famoso detective. 
      No me resisto a transcribir unos párrafos de El perro de los Baskerville, en los que podemos apreciar las capacidades enunciadas anteriormente. Sherlock Holmes discute en este capítulo con su ayudante Watson sobre las características de un bastón dejado por un supuesto cliente, un médico, al que ninguno de los dos conoce:

Hay mucho más, mi querido Watson. Por mi parte, opino que es más probable que se haga un regalo a un médico en un hospital que en una sociedad, y cuando las iniciales C.C. se hallan colocadas ante una H., recuerda uno al Charing Cross Hospital.
Es posible que tenga usted razón.
Por lo menos es probable. Si tomamos esto como hipótesis para investigar, tenemos otra base en que apoyarnos, a fin de reconstruir a nuestro incógnito visitante... Creo que podemos sacar algo más.... El médico no ha podido pertenecer al cuerpo oficial de sanidad del hospital, porque solo les está permitido a los que tienen asegurada una clientela en Londres, y teniéndola él, no la abandonaría para ir a provincias. En este caso, ¿qué situación era la de Mortimer allí? Estando en el hospital y no perteneciendo al cuerpo médico, solo puede haber sido cirujano interno o médico de familia; en fin, poco más que practicante. Salió del cuerpo hace cinco años, según la fecha grabada en la faja del bastón. De manera que el facultativo de cierta edad se desvanece, amigo Watson, y en su lugar aparece un joven de menos de treinta años de edad, amable, poco ambicioso y distraído, dueño de un perro que, para describirlo brevemente, diría que es mayor que un ratonero y más pequeño que mastín.
No pude menos que reírme, mostrando cierta incredulidad al oír esto, mientras Sherlock Holmes, reclinado en el sofá, lanzaba al aire ondulantes nubecillas de humo.”

     Fue en 1886 cuando el rey de la lógica vio la luz por primera vez junto a su inseparable Watson, el narrador de sus historias y que, a la vez, parece un retrato del propio Conan Doyle, mientras que su admirado maestro parece un calco, también en lo físico, del doctor Bell. La revista The Strand ofrece a Arthur Conan una sustanciosa suma de dinero para publicar en exclusiva la saga del detective. 
   Arthur Conan Doyle fue prolífico autor que cultivó también con destreza otros géneros literarios. Sin profundizar en ellos, baste recordar las obras de ciencia ficción que tienen como protagonista al profesor Challenger: El mundo perdido, La zona ponzoñosa, La máquina desintegradora...
     Sin embargo, en poco tiempo el detective sepultó bajo su fama al resto de obras.del joven y ya prestigioso autor. Pero, al igual que ha ocurrido en otras ocasiones, a los siete años de la creación de Sherlock Holmes, el escritor se cansa de su personaje y decide matarlo. Su madre, a la que había confiado tal decisión, trata de disuadirle de su error sin conseguirlo. Así que se publicó El problema final, una historia que transcurre en Suiza y donde el héroe muere a manos del malvado profesor Moriarty.
     Con la muerte del detective, también estuvo a punto de morir la revista The Strand, que publicaba sus historias y que perdió 20.000 suscriptores que decidieron darse de baja. Las presiones de los lectores cuyas cartas llegaban por miles al 221 de Baker Street, (domicilio del detective) y que iban desde las súplicas más lastimeras a los insultos y las amenazas más terribles, que consideraron un luto nacional la muerte del prestigioso detective (llevaban crespones negros en la manga en señal de duelo) y, sobre todo, las penurias económicas por las que pasó el autor, hicieron que tres años más tarde continuara escribiendo las aventuras del mítico personaje..., naturalmente, ocurridas con anterioridad a su temprana muerte. 
     El caso es que analizando a Sherlock Holmes no parece un personaje que inspire demasiadas simpatías, tal cual le retrata el propio autor:

Su estatura sobrepasaba los seis pies, y era tan extraordinariamente enjuto, que producía la impresión de ser aún más alto. Tenía la mirada aguda y penetrante, [...] y su nariz, fina y aguileña, daba al conjunto de sus facciones un aire de viveza y de resolución.”

     Es un tanto misógino, no suele hablar bien de las mujeres, egocéntrico, presuntuoso en extremo, soberbio, consumidor de cocaína... Por contra, es sumamente ordenado en sus planteamientos lógicos, culto (domina enormidad de materias, en especial la Química), excelente deportista (artes marciales, boxeo y esgrima), buen actor que hace un hábil uso de los disfraces para seguir a sospechosos, excelente violinista..., y así, un sinfín de cualidades.
    Arthur Conan Doyle escribió sobre el famoso detective un total de cuatro novelas y cincuenta y seis relatos agrupados en varios tomos. Las novelas son: Estudio en Escarlata, El signo de los cuatro, El perro de los Basquerville y El valle del terror.
     En 1902, Conan Doyle es nombrado Caballero del Imperio Británico con el título de Sir.
    Sherlock Holmes ha sido llevado numerosas veces al teatro, al cine, la radio, los cómics, dibujos animados, la televisión... A lo largo de los años se ha convertido en un icono popular en todo el mundo hasta el punto de que en encuestas realizadas en distintos países está considerado como un personaje de carne y hueso, como si realmente hubiera existido, vamos. 
     Para subrayar más este hecho, la casa donde Arthur Conan Doyle situaba el domicilio del detective en Londres, (el 221 de Baker Street) fue comprada por la ciudad y convertida en museo. El museo de Sherlock Holmes, por supuesto, querido Watson.

domingo, 27 de julio de 2014

EL ÁNGEL NEGRO, EN RINCÓN DE LA VICTORIA









El pasado viernes día 25, se realizó la presentación de la novela El ángel negro en Rincón de la Victoria, la bonita población de la Costa del Sol malagueña. 

El acto fue en la Casa Fuerte Bezmiliana, construcción defensiva del año 1766, restaurada y utilizada en la actualidad como centro de actividades culturales del municipio.

La presentación del libro, que contó con un numeroso público, la hizo el prestigioso pintor Pablo Rodríguez Guy que, precísamente, expone sus obras en el citado recinto.

En su intervención José Manuel Portero realizó una breve reseña de su novela y de los orígenes de la novela negra en nuestro país. 

https://www.facebook.com/Elangelnegro2013 

jueves, 10 de julio de 2014

EL ÁNGEL NEGRO EN LA LIBRERÍA LORCA DE BENALMÁDENA

Hace un par de meses, la librería Lorca cambió su anterior ubicación para trasladarse a su emplazamiento actual, al comienzo de la calle peatonal Vicente Aleixandre, en el centro de Arroyo de la Miel. Lo curioso es que en esa calle, a unos metros de distancia, es donde yo sitúo el comienzo de mi novela, cuando se produce la muerte del indigente en el cajero de una inventada entidad bancaria y con Ricardo Ramos como testigo del crimen. Coincidencias de la vida, ¿no?





viernes, 27 de junio de 2014

JUAN MADRID ( II )
EL DETECTIVE TONI ROMANO


 “España es el primer país consumidor de cocaína de Europa con un tráfico bestial, en el que la droga la llevan unos, la distribuyen otros y la meten en los bancos otros diferentes” (Juan Madrid. La Vanguardia, 11-2-2013).

     Antonio Carpintero, más conocido por su alias de Toni Romano es el protagonista de una interesante saga literaria cuyo autor es Juan Madrid.

     Antonio Carpintero es hijo de un limpiabotas, con una infancia difícil por los malos tratos de que era objeto por parte de su padre:  


Mi padre tenía sitio de limpiabotas fijo al fondo a la izquierda (en la “Cervecería de Hamburgo”), donde antes estaban los retretes. Mi padre vestía camisa y pantalón negro y siempre lo recuerdo borracho con un vaso de vino en las manos.
Cuando me veía, lo más que decía era: “Siéntate ahí y no molestes”.
Yo me sentaba en una silla y miraba de reojo a mi padre preguntándome qué habría hecho yo para que mi padre me odiara tanto.(“Cuentas pendientes”, Juan Madrid. Santillana, 1995).

Cuando pudo, trabajó como chico de los recados para ganarse unas pesetas y un bocadillo. Esto le sirvió para ir conociendo como la palma de su mano el madrileño barrio de Malasaña, donde transcurren la mayor parte de sus historias y que tanto le ayudará a conocer a la variopinta gente que lo conforman. Sabía que estaba destinado a ser carne de cañón y es por lo que lucha por salir de ese mundo difícil. Se hace boxeador profesional y toma el nombre con el que será conocido, Toni Romano, en honor a Rocky Marciano, al que admira. Poco más tarde, alguien le ofrece entrar en la policía. Estamos aún en los tiempos del franquismo, cuando se obtenía la confesión de los detenidos a base de “calentarlos adecuadamente”. Resulta lógico que a los agentes de policía de la época se les denominara familiarmente “maderos”.

     Toni Carpintero consigue pasar en el Cuerpo de Policía casi veinte años. Su honradez y la dificultad para callarse, le hace tener problemas con sus superiores y otros compañeros que sí tragan. Sale desengañado, cansado de perseguir y meter en chirona a ladrones de poca monta y dejar libres, impunes, a los ladrones de despacho, de guante blanco, políticos y corruptos.

     Después de su experiencia policial, pasará a trabajar en la agencia Draper, especializada en el cobro de impagados. Es allí donde le conocemos en su primera aventura literaria, Un beso de amigo (1980), en la que realizará el encargo de encontrar al socio de un comerciante desaparecido. Nos encontramos ya en la transición democrática y Romano sabe moverse entre la batería de personajes marginales de Madrid y, en especial, de Malasaña. Pero también, de vez en cuando, consigue meter la cabeza entre los ricos, y lo que ve y huele no le gusta.

    Dejará la agencia de detectives para trabajar por su cuenta como detective privado. Es verdad que aprovechará sus contactos anteriores para moverse en el proceloso mundo del hampa, de personajes marginales, de policías y jueces corruptos... Pero lo suyo es una caída, una bajada a los infiernos de los que salió cuando era un joven ilusionado con entrar en la policía:

Esta sociedad es muy desagradecida con nosotros, los maderos. Lo hemos entregado todo, nos hemos sacrificado y cuando no nos necesitan, nos despachan.
Gran verdad ―corroboró Inchausti y lanzó un sonoro suspiro―. Nos jugamos la vida para nada. Ahora hay una dictadura de los jueces, esos cabrones. Los chorizos y los violadores entran por una puerta y salen por otra. Y no digamos los terroristas, pero para qué hablar de política y de los políticos, esas sanguijuelas. Me pongo enfermo con solo pensar en ellos. (“Cuentas pendientes”).

     En Las apariencias no engañan (1982), Romano ya ha dejado de trabajar en la agencia Draper y lo hace ahora de portero de discoteca: necesita dinero para subsistir. Sin embargo, es testigo de un crimen y se dedicará a resolverlo. Le siguen Regalo de la casa (1986), Mujeres $ mujeres (1996) y Cuentas pendientes (1995), en la que un Toni Romano cada vez más caído, más escéptico, pero siempre íntegro, deberá deberá enfrentarse a sus antiguos compañeros de la policía que pretenden endosarle un crimen que no ha cometido.

     Otras novelas de la saga, son: Grupo de noche (2003), Adiós, princesa (2008), Bares nocturnos (2009).

     En cualquier caso, Toni Romano ve desilusionado que los años pasan sin que apenas se reflejen en la sociedad las mejoras antaño tan apetecidas. En Grupo de noche, un personaje reflexiona en voz alta:

   Ellos nos lo dan todo hecho, todo mascado y bien mascado, nos dicen lo que tenemos que hacer, pensar... nos indican lo que nos debe gustar, lo que debemos consumir, ya sea ropa, coches, libros...


    Desde Bares nocturnos, Juan Madrid no ha vuelto a escribir sobre el detective Toni Romano. Con la aparición en 2013 de Los hombres mojados no temen la lluvia, nos presenta un nuevo personaje, Liberto Ruano, un joven abogado un tanto peculiar. Pero hablaremos de él más adelante, en otra entrada de este blog.

sábado, 21 de junio de 2014

JUAN MADRID ( I ). BRIGADA CENTRAL.




“El menudeo, el pago de la droga en la calle es al contado, lo que al cabo del día son muchos sacos de billetes que hay que meter en los bancos. Así que sin los bancos no habría tráfico de estupefacientes” (Juan Madrid, La Vanguardia, 11-2-2013).

     Juan Madrid, está considerado como uno de los escritores de novela negra más reconocidos a nivel mundial. Seguramente, parte de este éxito lo tiene la serie Brigada Central, de la que él fue autor y guionista único. La serie, dirigida por Pedro Masó y protagonizada por Imanol Arias, se emitió entre los años 1989 y 1990 en TVE y consiguió un éxito inmediato no solo en España, sino a nivel internacional. Muchas cadenas europeas y americanas compraron los derechos de emisión y los catorce capítulos se volvieron a emitir en diversas ocasiones.

     Juan Madrid nació en Málaga en 1947 y de niño se trasladó primero a Marruecos y después a Madrid. Estudió Historia en la Universidad de Salamanca. Ejerció como periodista en las revistas TriunfoCambio 16 e Índice, así como colaborador habitual en los diarios El Mundo y El País, amén de otros medios españoles y sudamericanos. Algunas de sus obras han sido traducidas a más de veinte idiomas.

     Juan Madrid a través de Pedro Masó, narra con crudeza la labor de unos policías de la Brigada Central, un cuerpo de élite de la policía española dedicada a la lucha contra el narcotráfico, la delincuencia internacional y el crimen organizado. Seguramente, parte del éxito, reside en que la narración no se limita únicamente a la descripción de una acción que en algunos momentos se hace trepidante, sino que, además, el autor y guionista entremezcla con sumo acierto historias personales de los protagonistas que la hacen cercana, creíble, con todos los fallos, zancadillas, peleas, conflictos de pareja, amores frustrados, envidias, etc, existentes en cualquier colectivo humano, por muy cuerpo de élite que se considere. Y todo ello, en una España recién salida de la dictadura, con los reparos y suspicacias que seguían produciendo en la ciudadanía los cuerpos de seguridad del Estado.

     Pese a que la emisión de la serie significó un signo de la libertad que se fue alcanzado a lo largo de las legislaturas socialistas, Juan Madrid cuenta que hubo un momento en que se detuvo el rodaje por prohibición expresa de la Dirección General de la Policía. Sin embargo, el director, Pedro Masó, consiguió llegar a un acuerdo con la Dirección General y permitir que en el rodaje hubiera un inspector de policía con potestad para corregir o vetar cualquier toma o diálogo que considerara inoportuno. Es decir, la censura, que no cejaba en su empeño, pese a los aires nuevos de renovación en la incipiente democracia española. Visto en la distancia, se pueden adivinar los recelos de algunos policías que salen retratados en la serie no como hermanitas de la caridad, sino utilizando unos métodos que son los que los ciudadanos de la época habían experimentado en sus propias carnes.

     El personaje principal de Brigada Central es Manuel Flores, un inspector jefe de policía de etnia gitana (¡que ya era impactante en la España de la época!), encarnado en un joven Imanol Arias y que dirige a un selecto grupo de policías dispuestos a colocarse siempre en primera línea de fuego. Sin embargo, a Flores le es difícil mantenerse alejado de sus raíces: de su padre, un trilero catalán, y de otros “primos” y familiares, que no dudan, por ejemplo, en entrar de forma fraudulenta en el domicilio del propio policía. Y, por supuesto, Flores tendrá también que mantener a raya a sus propios compañeros:

―¿Por qué no le dices todo eso a la cara?
―No le tengo miedo al gitano.
La puerta se abrió y entró Flores. Iba cabizbajo, pero se detuvo al llegar a la altura de Marchena y Lucas. Se dio cuenta de lo que estaba pasando.
―Aquí lo tienes.
Flores miró fijamente a Marchena y este le devolvió la mirada sin parpadear. Marchena era más antiguo que él en el escalafón; su cuello grueso se hinchó más. Era más bajo que Flores y con unos hombros anchos y fornidos. Marchena sonrió, los dientes eran pequeños y muy separados. No fue una sonrisa amistosa.
―Llegas en el momento oportuno.
―¿Si? Deja que lo adivine, Marchena. Estás protestando por el sunto Prada, ¿no es verdad? Te parece de poca monta, ¿no es así? A ti te gustan los grandes casos, los que añaden felicitaciones públicas a tu expediente y premios en metálico. Pero deja que te diga una cosa: aquí no quiero a nadie a disgusto, así que pide el traslado inmediatamente. No te quiero aquí. ¿Lo has entendido?
―Baja al sótano conmigo ―silabeó Marchena―. Anda, baja allí y lo discutiremos de hombre a hombre.

     La serie contaba con un elenco de primeros actores: Poveda (José Manuel Cervino), el jefe de Flores; el inspector Marchena (Patxi Andion), envidioso de los éxitos de su compañero; Carmela (Isabel Serrano), la atractiva y sexy policía del grupo; Lucas (José Coronado), el policía tranquilo e intelectual. Además, hubo otros actores secundarios de altura: Pilar y Javier Bardem, Luis Escobar, Manuel Alexandre, María Isbert, Fernando Guillén... 

    Sin embargo, a mi juicio, y pese a la calidad indiscutible de los actores, creo que la interpretación resultó bastante forzada. A todo lo largo de la serie, los exabruptos, gritos, salidas de tono, crispación..., se van sucediendo prácticamente en cada escena dando la impresión de que esa policía de élite se comportaba, en realidad, como chicos en el patio de un colegio, o como vulgares matoncillos de barrio. El texto narrativo, el guión, tiene suficiente calidad, transmite la precisa tensión emocional, como para que el realizador, Masó, no hubiera recurrido a semejantes subterfugios interpretativos.

    Los bien elaborados guiones se veían reforzados por la excelente música de Antón García Abril (aquel compositor de temas inolvidables, míticos, como El hombre y la tierra).

    Juan Madrid supo aprovechar su anterior actividad profesional como reportero de la crónica de sucesos y su conocimiento de los entresijos de las comisarías de policías para elaborar una crónica social de una España que empezaba a deshacerse del largo abrazo de la dictadura:

    “Siempre quise escribir sobre la policía. Esa gente que sabiéndolo o no, se gana la vida y tiene su razón de ser defendiendo un sistema de valores, creencias y relaciones de producción que no todos compartimos. Sobre sus contradicciones, sus vidas privadas, sus relaciones con el delito, los delincuentes y el resto del aparato encargado de defender el orden tenía yo ganas de escribir largo y tendido” (B.C. Flores, el gitano. Juan Madrid).

    Las catorce historias, guiones, de Brigada Central se editaron posteriormente en tres gruesos volúmenes: Flores, el gitanoAsuntos de rutina y El hombre del reloj (Ediciones B, 2010-11. Barcelona).

    Aparte de Brigada Central, Madrid ha escrito otras obras que han sido llevadas al cine: Al acecho (Nada que hacer), 1983; Días contados (1993), dirigida por Imanol Uribe, que obtuvo un gran éxito de público y crítica; Ciudades oscuras (Crónicas del Madrid oscuro), 2002; Tánger, 2003, sobre la novela homónima (en esta obra se estrenó como director el propio autor); La memoria recobrada: Málaga, 1937, la carretera de la muerte, 2006, documental sobre el episodio de la guerra civil de febrero de 1937 cuando las fuerzas franquistas masacraron a miles de civiles que huían hacia Almería del terror de Queipo de Llano que había tomado la ciudad de Málaga.

 Asimismo, Juan Madrid es autor de otras novelas, relatos y ensayos. Pero entre todas ellas merecen destacarse las obras protagonizadas por Toni Romano, el singular exboxeador y detective privado. Lo trataremos en la siguiente entrada de este blog.

viernes, 30 de mayo de 2014



FRANCISCO GONZÁLEZ LEDESMA ( II )
INSPECTOR MÉNDEZ




     “Méndez recordaba muy bien los cuplés de Bella Dorita, que llevaba en su boca la historia del Paralelo, su boca grande, de voz pastosa que arrastraba en su profundidad toda la alegría y toda la muerte de la noche...” (La dama de Cachemira).


     Francisco González Ledesma es uno de los pioneros de la novela negra en España, posíblemente más conocido fuera de nuestras fronteras, en especial en Francia, que en nuestro país. 

    Méndez, hijo de los barrios bajos de la Ciudad Condal pero conocedor de los entresijos, encajes y candilejas de los altos, es un policía viejo siempre lo ha sido, el personaje no ha envejecido con el paso de los años, de las aventuras, sino que nació así, viejo y en esa edad indefinida continúa hasta que su creador estime oportuno darle el finiquito, más descreído que escéptico, casposo, un lobo solitario que no duda en dejar escapar a maleantes de poca monta y dar un par de hostias a un ejecutivo. Conoce las calles de su barrio, el Poble Sec, como nadie y a sus gentes, obreros, tenderos, quinquis y putas, como si los hubiera parido. Y a la inversa, él es uno más de la familia, otro fantasma más de la pintoresca fauna que deambula por sus calles.

―Te mataré, Méndez ―le susurró en el fondo de un bar un benemérito ciudadano llamado el Chinga―. Dejaste escapar a mi mujer. Ella me busca para acabar conmigo, pero antes te juro que te rajo.
―Me debes diez mil pelas, Méndez ―le informó poco después su patrona.
―Tiene que recuperar mi pistola, Méndez ―le exigió en una esquina uno de sus más acreditados confidentes―. Me la robaron ayer.
―¿Si? ¿Dónde la llevabas?
―En el sitio de costumbre. Entre el pantalón y los calzoncillos. Menuda mano tuvo el que lo hizo.
―¿Y sabes quién lo hizo?
―El Manco.
―¿Seguro que no te diste cuenta?
―Hombre, cuenta de algo sí. Pero solo algo.
―¿Y qué?
―Creí que iba de buena fe”

     Méndez trabaja en solitario, no solo por los endémicos problemas de escasez de personal del que adolecen todas las comisarías, sino porque no hay dios que le aguante.

    Vive en un piso, un cuarto de alquiler de lo más cutre y cochambroso al que se accede a través de un bar no muy lejos de El Molino, la célebre sala de fiestas del Paralelo.

“El Molino, con sus aspas eternamente inmóviles y su escenario que seguramente es el más pequeño del mundo, pertenecía también al universo de Méndez, que muchos años antes había prestado eficacísimos servicios de vigilancia en él controlando a los que querían estimular manualmente al vecino y a los que no pagaban el champán de la casa, es decir, la gaseosa...”

    Méndez aparece por primera vez en Expediente Barcelona, aunque como personaje secundario. Será en la siguiente novela, Crónica sentimental en rojo (1984), que obtuvo el Premio Planeta, donde como protagonista se encargará de esclarecer la muerte de una joven ahogada en una playa barcelonesa.

    En La dama de Cachemira (1986) ya aparece el “auténtico” inspector Méndez que conocemos, caduco, escéptico, viejo verde impotente, y su viejo Colt de 1912 que no usa más que para atemorizar a los maleantes del barrio. La obra obtuvo en Francia el prestigioso Premio Mystère de novela negra. El acreditado crítico literario del país vecino Claude Mesplède dijo “que entre las investigaciones de Méndez, el episodio más popular sigue siendo La dama de Cachemira. Es una narración con carácter universal”. En ella, Méndez deberá esclarecer quien es el asesino de un inválido en una silla de ruedas, en una historia de amor y de mujeres que sueñan con viajes a lejanos países pero que son eso, solo sueños, porque no consiguen escapar de la cruda realidad que las rodea.

    La lista de premios literarios obtenidos por González Ledesma y las aventuras y desventuras de su inspector, es larga. El pecado o algo parecido (2002) fue galardonada con el premio Dasiell Hammett; Cinco mujeres y media (2005) recibió nuevamente el Premio Mystère; Una novela de barrio (2007), obtuvo el premio Internacional de Novela Negra; la ya reseñada, Crónica sentimental en rojo (1984), que obtuvo el Premio Planeta de novela. En el año 2006 se le concede el Premio Pepe Carvalho por su trayectoria literaria en el género negro. 

     Como abogado, hecho a sí mismo gracias a sus novelas del Oeste americano (ver entrada anterior de este blog), recibió el premio Roda Ventura. Como periodista (fue redactor jefe de La Vanguardia), recibió los premios El ciervo y la Cruz de Sant Jordi, por la calidad de su obra literaria.

    La última, por ahora, de la saga es la recién editada Peores maneras de morir (2013) donde Méndez, más postergado que nunca por sus superiores, se ve envuelto en un caso de trata de blancas que lleva entre manos una peligrosa banda mafiosa que trae de la Europa del este a chicas para su explotación sexual en España. De nuevo encontramos al Méndez en estado puro, un policía con pasado pero sin futuro, como él mismo se confiesa:

“Soy un policía que no cumple los reglamentos ni cree en las leyes. Si alguien ha violado a una mujer y la ha martirizado, o si alguien ha matado a un niño, yo no tengo piedad e incumplo la ley si es necesario. En los tribunales pasan tantas cosas que yo he llegado a creer en la norma de la calle, o sea, la justicia directa. No es el buen camino, desde luego, como tampoco es buen camino sentir piedad de un delincuente que empieza, mientras los grandes estafadores salen de la cárcel y encima conservan el dinero estafado...” 

        ¿No nos "suena" algo a pistolero del viejo Oeste? Lo dicho: inspector Méndez en estado puro.

viernes, 16 de mayo de 2014




FRANCISCO GONZÁLEZ LEDESMA (I)
SILVER KANE

“Aquella mañana ocurrieron en Jackson, Kansas, cuatro cosas juntas que no habían ocurrido nunca: se pararon a la vez cien relojes de cuerda, llegó un jefe indio que quería comprar la paz para su pueblo, un pistolero llenó un saloon no de clientes, sino de muertos, y un hombre perfectamente vestido quiso comprar un cementerio...”
“La dama y el recuerdo”. Silver Kane. (Planeta, 2010)



     Qué tendrá que ver aquí una novela del oeste con otra policíaca, de género negro, podrá preguntarse, y con razón, cualquiera de los amigos que siga este blog de novela negra y haya visto la ilustración que la acompaña. La respuesta hay que buscarla en Silver Kane, que es el seudónimo con el que firmó Francisco González Ledesma sus más de cuatrocientas novelas del oeste.

     En una época, la posguerra civil española, en que las bibliotecas y la cultura entraron en una total oscuridad fagocitadas por un régimen voraz, aquellas obritas en tamaño octava (¼ de folio), de no más de cien páginas, realizadas en papel de mala calidad, vendidas en quioscos y estancos al precio de un duro (5 pesetas) e intercambiadas multitud de veces al precio de 1 peseta (con lo cual, es imposible saber al final por cuántos lectores había pasado la edición) nos sirvieron a muchos de único faro al que cogernos para no naufragar en las tinieblas.

     González Ledesma nació en Barcelona en 1927, en el barrio de Poble Sec, barrio obrero, como el Raval, que han dado gente tan ilustre como Vázquez Montalbán, Joan Manuel Serrat o el propio González Ledesma. De familia humilde, recién terminada la guerra civil, chico espabilado, con quince años consigue trabajar para la editorial Bruguera haciendo guiones de cómics. De ahí pasará a la escritura de novelas del oeste escribiendo una por semana. En un primer momento, ese dinero sirve a su familia para sobrevivir y, posteriormente, ayudado por una tía, se va pagando los estudios de Derecho.

     Con 21 años, en 1948, gana el prestigioso certamen de novela Internacional, presidido por William Somerset Maugam, con la novela “Sombras Viejas”, prohibida por la censura.

Sombras Viejas no se pudo publicar en España: el censor la calificó de “roja y pornográfica”. Para conocer la causa de la prohibición, el escritor consigue entrevistarse con el censor, y este le explica que en toda la novela se aprecia que el protagonista es de izquierdas. ¿Y pornográfica...? ―pregunta intrigado el autor―. Pues, en la página tal, el protagonista, Enrique Moriel, le pone la mano en la rodilla a la chica. ¿Y eso es pornográfico?, pregunta sorprendido el joven autor. Bueno, de momento, no ―le responde el censor―, ¡pero se adivinan las intenciones de subir hacia arriba!

     Igual suerte corrieron “Los napoleones”, “Las calles de nuestro padres” y “Expediente Barcelona”, donde aparece por primera vez el inspector Méndez, (de su posterior saga policíaca). Visto lo cual, el pobre chico se vio obligado a continuar escribiendo novelas de vaqueros, indios y pistoleros, firmadas por Silver Kane.

     Porque, en aquella España negra, negrísima, tétrica, ¿cómo iba a haber novela negra si la censura lo impedía hasta límites estúpidos y absurdos?

     La novela negra lleva consigo una crítica social: por crisis económica, hambre, miseria, corrupción política, policial o judicial, homofobia, o nazismo, o crímenes y violencia... Y en nuestro país ni se pasaba hambre, ni había crímenes; ni accidentes de trenes, y si los había, no moría nadie, y si morían es porque se ponían en las vías al paso de la locomotora, vamos que se suicidaban; no se producían atracos, y si se escuchaban tiros, eran petardos en honor de la virgen en alguna barriada; ni la homosexualidad estaba perseguida, ni el nazismo prohibido, y los policías, ministros, gobernadores, con el Generalísimo a la cabeza, eran un dechado de libertad, justicia y honradez... ¿Cómo, pues, íbamos a tener novela negra?

     A la finalización de la guerra civil, se pasó de una censura militar, hasta cierto punto comprensible, a otra cívica, ideológica y religiosa, so pretexto de salvaguardar la fe católica e impartir supuestas buenas normas de convivencia. No fue más que un vehículo más de control para el régimen, una mordaza a las voces disidentes y altavoz al servicio del Movimiento, la Falange y el clero. Cualquier noticia, cómics, cuentos, publicación, ilustración, representación teatral... quedaba en manos de la censura, cuando no de la autocensura, pues podía significar para el autor la pérdida de sus contratos, en la mayoría de las ocasiones leoninos en beneficio de la editorial, y para los propios editores, la pérdida del cupo de papel de prensa para las publicaciones.

     Transcurrido el tiempo, ya en época democrática, pudieron publicarse en España sus anteriores novelas, entonces prohibidas.

      En el año 2010, González Ledesma le hace un guiño a su propia historia, y se homenajea como escritor de novelas de vaqueros: publica La dama y el recuerdo, firmada, cómo no, por Silver Kane. Pero, en esta ocasión se trata de una impresión de más de trescientas páginas, formato grande, papel de calidad, cosida, tapa dura y sobrecubierta..., muy lejos de las condiciones en que vieron la luz sus anteriores obras del salvaje Oeste americano.

     No fue González Ledesma el único de los autores españoles que se vio obligado a escribir sobre temáticas que no hicieran daño a un régimen extraordinariamente duro y prolongado en el tiempo. Otros nombres conocidos fueron Marcial Lafuente Estefanía; José Mallorquí, autor de la serie de El Coyote; Juan Gallardo, que firmó con distintos seudónimos como Donald Curtis, Curtis Galland...; Luis García Lecha, que firmaba como Clark Carrados, Elvers Evans, Lewis Milk...; Corin Tellado, seudónimo de María Socorro Téllez, que escribió novela romántica. Todos ellos autores extraordinariamente prolíficos (Corín Tellado llegó a escribir más de 4000 obras, y otros como Gallardo o García Lecha, sobrepasaron las 2000 cada uno), explotados laboral e intelectualmente, pero que significaron las escasas ventanas de luz en un mundo culturalmente lleno de tinieblas.

     Sirvan estas lineas de modesto homenaje del autor de este blog a todos ellos.



jueves, 8 de mayo de 2014

EL ÁNGEL NEGRO. FERIA DEL LIBRO

   El pasado domingo día 4 fui invitado por la editorial Círculo Rojo para participar en la Feria del Libro de El Ejido (Almería). Fue agradable firmar ejemplares, intercambiar opinión con otros compañeros y, sobre todo, departir con los lectores. También hubo tiempo para visitar el precioso puerto de Almerimar y pasar unas estupendas jornadas en el velero de un amigo. (¡Que no todo ha de ser lectura y escritura!)





domingo, 27 de abril de 2014

EL ÁNGEL NEGRO EN EL GIMNASIO
(Compartido de Facebook)
  Ayer me llevé una sorpresa agradable, de esas que no esperas y te dejan durante unos momentos como si estuvieras flotando. El caso es que en el gimnasio veo a una chica muy atractiva que, mientras hace sus ejercicios en la bicicleta estática, aprovecha también para leer un libro: ¡mi novela, El ángel negro! Para colmo se trataba de Paqui, una muy buena exalumna del Poeta Salvador Rueda, centro en el que tuve la suerte de ejercer la docencia hace ya veinte años. ¿Comprendéis mi doble alegría de ayer?



jueves, 24 de abril de 2014

MANUEL VÁZQUEZ MONTALBÁN (III)
TATUAJE


          “Era hermoso y rubio como la cerveza,
el pecho tatuado con un corazón,
en su voz amarga había la tristeza
doliente y cansada del acordeón.”
                                          (“Tatuaje”, canción de Rafael de León).

     En una playa de Barcelona aparece flotando el cadáver de un hombre joven con la cara comida por los peces y un tatuaje en la paletilla con la frase: “He nacido para revolucionar el infierno”.

     Así comienza Tatuaje, la segunda de la serie de aventuras del detective Pepe Carvalho, que recibirá el encargo de averiguar la identidad del muerto.
         
    Tatuaje no es, ni mucho menos, la mejor novela de Vázquez Montalbán. El propio autor explica que “Tatuaje nació casi como una broma. Fue una apuesta que hice con gente vinculada a "Libros de la frontera", me encerré quince días fuera de Barcelona y escribí la novela. Fue una "boutade", un experimento. No me pareció satisfactorio, pero sí interesante, y luego ya hice La soledad del manager, con más convencimiento, y esta, Al Sur (Los mares del Sur) totalmente convencido de que tiene sentido”.
    "Teresa sudaba. Le brillaban los regueros de agua por el cuello, se le humedecían los senos contenidos por el mínimo sujetador que les daba una consistencia de fruta sedosa, nocturna y caliente. La voz le salió algo estrangulada:
-Si te pones menos truculento, te lo contaré".
     Tatuaje no fue, precisamente, un éxito editorial. Sin embargo, resulta interesante acercarse a los orígenes para ir viendo la evolución del personaje a lo largo de sus veinte años de existencia literaria, la aparición de los secundarios y los diversos tics del detective.

     En Tatuaje aparece por primera vez la Charo, la mujer con la que Carvalho tendrá una relación sentimental difícil, más por el carácter de él que por la profesión de ambos, en especial la de ella, que no se cansa de repetir por ahí dos versiones encontradas de su modo de vida: una, que no es una puta; y en otras, admitiéndolo a las claras: ”Sí, una puta pero cara, de teléfono”. Y el Bromuro, limpiabotas tan facha como pobre diablo que repite sin cesar a quien tenga la paciencia de escucharle, que “desde hace cuarenta años nos meten bromuro en el pan y en el agua para que no nos empalmemos y no vayamos por ahí jodiendo como locos”. Aún falta para que aparezca el ayudante de Carvalho, su sombra, Biscúter. Eso será más adelante, en otra aventura. Pero en esta, en Tatuaje, ya aparece el Carvalho gastrónomo capaz de pasar medio capítulo explicándonos paso a paso la elaboración de una caldeirada de langostinos y rape, y el otro medio qué vino debemos elegir para que acompañe debidamente al plato (sin embargo, para la peculiar filosofía del sibarita detective, “los buenos placeres siempre están en la memoria”). Y también en esta aventura, en Tatuaje, Carvalho se destapa con sus bufonadas culturales, con la quema de libros: le ha tocado salir de la estantería para ir a parar al fuego purificador a la España como problema, de Laín Entralgo (“con impaciencia porque la fogata brotara y el libro se convirtiera en un montón de palabras olvidadas”), y nada menos que  a El Quijote, “una obra a la que guardaba cierta manía sintiendo un deleite previo por el simple hecho de ir a sacrificarla”.

     La novela fue llevada al cine en 1976, dirigida por Bigas Luna, con guión del propio Vázquez Montalbán y como protagonista, un exagerado Carlos Ballesteros. Le acompañaba en el papel de Charo, la guapísima Pilar Velázquez, y en el de Teresa Marsé, la atractiva Mónica Randal. La película, como la novela, pasó sin pena ni gloria.

     Pero en las aventuras de Carvalho siempre hay un vínculo cultural, un recuerdo de sus años infantiles, que son los de su autor: un cómic, una película, un programa de radio.... En esta, a lo largo de toda la novela discurre la pegadiza melodía de Tatuaje, de Concha Piquer (“la tarareó, primero vacilando, después ya más seguro, con la ayuda de Bromuro. El limpiabotas la cantaba aflamencada y la canción era una tonadilla. Carvalho le dejó cantar...”

                                                                  "Escúchame marinero y dime:
                                                                  ¿qué sabes de él?
                                                                   Era gallardo y altanero
                                                                   y era más rubio que la miel..."

sábado, 19 de abril de 2014

MANUEL VÁZQUEZ MONTALBÁN (II)
PEPE CARVALHO



Las novelas de Carvalho, más allá de la transición española, trazan el viaje desde la edad de la inocencia de la década de los sesenta a la edad de todos los empleos precarios y desempleos estables, esta globalizada edad de la desesperanza”. (Manuel Vázquez Montalbán, Babelia, El País, 1997).

    “Yo maté a Kennedy”, afirma con rotundidad el español José Carvalho Larios, exagente de la CIA y guardaespaldas del difunto presidente estadounidense John F. Kennedy.

    Si fue, o no, el asesino de Kennedy no está claro, pese al tiempo transcurrido y los ríos de tinta derramada. Lo que si está fuera de toda duda es que la paternidad literaria del famoso detective corresponde al escritor Manuel Vázquez Montalbán, autor catalán de una de las sagas de mayor éxito de la literatura española y universal.

    José Carvalho Larios, más conocido como Pepe Carvalho, es hijo de emigrantes gallegos afincados en Barcelona. En la universidad militó como comunista, por lo que pasó una temporada en la cárcel. Después, fue captado por la CIA, con la que trabajó durante nueve años y anduvo por medio mundo. Sin razón aparente de peso, abandonó la agencia de espionaje, volvió a Barcelona y se hizo detective privado (“huelebraguetas”), sin importarle el tipo de encargo que le hicieran: lo mismo acepta un caso de infidelidad conyugal que la investigación de un asesinato. Cuestión de dinero.

    Carvalho es un hombre sin demasiados escrúpulos ni principios “solo vísceras en buen uso”, al menos de acuerdo con la moral convencional: ayuda a desvelar el crimen y nada más, atendiendo a la demanda del cliente, que es quien le paga. El propio Vázquez Montalbán le justifica así:

Yo, es decir, Carvalho, jamás ha entregado un criminal a la policía o a la justicia. No pertenece a la deontología de un detective privado el sancionar con el aparato represivo por delante, pero es que además, puesto que estamos hablando de literatura, todo escritor sabe que el verdadero asesino de su novela es él mismo. El escritor es la chica del bar y el amante de la chica del bar, el gánster y el policía, el homosexual y el fascista, el marxista y el heterosexual, la víctima y el asesino”.

    Yo maté a Kennedy, es la primera obra de la saga donde se muestra a Carvalho, aunque más que una novela negra o policíaca al uso, parece que Vázquez Montalbán lo que pretendiera es hacer un ensayo sobre la dualidad de la conducta del personaje (héroe-antihéroe; agente de la CIA-comunista; guardaespadas de un presidente-asesino del mismo...). La novela, publicada por Planeta en 1972, pasó desapercibida. Tampoco tuvo mejor suerte la segunda de la saga, Tatuaje, de la que me extenderé más en otra página del blog. Sin embargo, las posteriores, poco a poco van calando en los lectores españoles, a la vez que se traducen a otras lenguas. Pasados los años, es tal el éxito, que Andrea Camilleri, prestigioso escritor italiano, al comisario de policía protagonista de su serie le bautiza como Salvo Montalbano en honor de Vázquez Montalbán.

    A Manuel Vázquez Montalbán, le sirve la serie para dibujar una crónica social de España dentro del contexto histórico y las circunstancias del momento: desde la crisis del eurocomunismo (Asesinato en el Comité Central), el periodo de la Barcelona olímpica (Sabotaje olímpico, El laberinto griego), o la rocambolesca huida de Luis Roldán (Roldán, ni vivo ni muerto que se publica, en principio, por entregas en el diario El País). A estas, hay que sumar: La soledad del manager, Los mares del Sur, Los pájaros de Bangkok, La rosa de Alejandría... Así, hasta un total de veinte novelas y ocho libros de relatos, todos ellos con Carvalho como protagonista.

    Cuatro de las novelas de la saga fueron llevadas al cine:Tatuaje, Los mares del sur, Asesinato en el Comité Central y El laberinto griego e interpretadas por actores en el papel de Carvalho tan variopintos como Carlos Ballesteros (Tatuaje), Juan Luis Galliardo (Los mares del sur), Patxi Andión (Asesinato en el Comité Central), u Omero Antonutti (El laberinto griego). En 1984, Televisión Española realiza una serie de ocho películas bajo el título genérico de “Las aventuras de Pepe Carvalho” con el actor Eusebio Poncela como protagonista. Ninguno de ellos fue del agrado de su autor (Montalbán dijo en varias ocasiones que su actor preferido hubiera sido el francés Trintignant), y dado el escaso éxito que alcanzaron, parece que alguna razón debería tener.

    Pero Carvalho, el personaje literario, que es el que aquí nos interesa, está complementado con sus adláteres, a los que acabamos conociendo tan bien, o tan mal -según se mire-, como al propio protagonista. Y es que las historias del peculiar detective no serían nada sin Charo García, puta de teléfono, que comparte con Carvalho amores si es que alguna vez los hubo, y desaires y desamores, que sí fueron muchos; Biscúter, ayudante del detective, exladrón de coches y expresidiario, como el propio Carvalho; El Bromuro, facha y exlegionario, pobre diablo y desgraciado que se gana la vida como confidente y limpiabotas, y al que nos resulta difícil de creer sus portentosas hazañas sexuales; o la Andaluza, una puta de Bilbao que se hace pasar por sevillana porque cree que las putas del sur son más deseadas por los clientes...

    Para finalizar, unas palabras del propio Vázquez Montalbán sobre su detective: “Construí a Carvalho con una serie de materiales de derribo que lo hacían inverosímil en la realidad material, pero perfecta y mágicamente verosímil en la realidad literaria”.

    Sea Carvalho material de derribo o no, lo cierto es que se comporta en muchos aspectos como un álter ego de su progenitor: sus afinidades políticas; paso por prisión a causa de las mismas; placer por la gastronomía (prácticamente, en todas la novelas de la serie hay alguna receta culinaria de factible preparación); su amor por la cultura, el gusto por la buena literatura y que, en el caso del detective, le hace encender el fuego de la chimenea con algún libro, según él, de escasa calidad...

    Pepe Carvalho, todo un apasionante personaje de novela negra que resulta imprescindible conocer.